Amores de mis amor
He aprendido a no quererte cada vez que te recuerdo.
Si le huyo al amor o simplemente no quiero tener una relación de esas que se gritan a los cuatro vientos o que se especifica en un red social, es porque llegué a la conclusión de que no es que no haya amor para dar en mi; sino que le tengo miedo en todas sus formas, tamaños y colores.
Descubrí que cada te quiero significa un grito de angustia, de ayuda en mi ser. De salir corriendo de esa escena repetida por las telenovelas y correr, ser libre una vez más, solo una más.
No existe la felicidad o la completa no lo es en realidad. Nos acostumbraron a ver a nuestros abuelos, padres y tíos tener un amor de años, de esos que el tiempo nunca pudo llevarse, de los que la palabra amor suena a viejo. Lo inalcanzable. La utopía de cualquier amante. Tener un beso sincero antes de morir.
Ya me cansé de revisar las canciones de amor que hostigan cada momento o te traen una cicatriz casi borrada. De leer los famosos “te quiero” o escuchar los “esta vez estoy seguro que es ella, el amor de mi vida”.
He decidido aprender a olvidar mi pasado y no abrirlo nunca más. Borrar de mi agenda los números y nombres de las personas que quise alguna vez, de juntar los regalos y recuerdos y lanzarlos tan lejos que no vea las sombras de ellos.Creo que lo que realmente me enferma del amor es su aire, su incentivo a decir que alguna vez, no muy lejana de lo que pienso, me volveré a enamorar.

