La tristeza de Eva
Tenía el cabello corto hasta la nuca y oxigenado. Le faltaban los dos dientes delanteros. Sus ojos notaban el cansancio de sus arrugas. Era alta y flaca, muy delgada para su edad.
A sus cuarenta y tantos años, con seis hijos que ni ella se acordaba quienes eran hermanos de padre, vivía al costado de mi casa, en el terreno abandonado, que ella lo había invadido con el permiso a la tierra.
A sus cuarenta y tantos años, con seis hijos que ni ella se acordaba quienes eran hermanos de padre, vivía al costado de mi casa, en el terreno abandonado, que ella lo había invadido con el permiso a la tierra.