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..Para
De pronto dejas de correr y te detienes a pensar. A sentir.
A verme parada en la esquina llena de edificios, mirando hacia todos lados. Ver pasar a la gente y acordarme que soy humana y que también siento, de vez en cuando. Cuando las lágrimas te persiguen y aparecen sin preguntar.
De pronto te acuerdas que tienes sentimientos, pero que ya no sabes si aun siguen escondidos, debajo de las tablas de tu cama, por miedo. ¿Será que ya no quiero correr o que quiero ir a refugiarme tambien debajo de mi cama?
..Ven.
Y si te acercas a mi un poco más, ¿me podrás salvar?
Y si te quedas conmigo, ¿te podré salvar?
Pero ven. Solo ven, sin decir nada, porque no quiero saber nada. Ni una sola explicación, que tus ojos me contarán todo lo que has vivido, todo lo que has extrañado y todo lo que buscas.
No necesitamos más preguntas y mucho menos respuestas. No necesito eso de ti. Me bastará con una mirada, una sonrisa, un beso y un abrazo para entender todo.
Pero ven por favor que el tiempo parece que no tiene prisa y el viento ya me contó que te vio, sin mí.
¿Me llevas a alquilar sonrisas? ¿Me llevas a bailar por las nubes?
Dale. Vámonos muy lejos de la gente y sus espadas. Vamos para que te quedes en cada pensamiento mío, en cada recuerdo, en cada sueño que apareces cuando me invade tu voz de noche.
¿Me llevas a jugar con tu pelo, mis ojos y tu espalda? ¿Me llevas a tener mis manos entre las tuyas?
...sé
Yazmín, mi prima, está asustada porque en la familia de su novio, un pariente, muy amado por ella, se suicidó. Me lo cuenta y yo callo. No me dice mucho, pero lo deduzco todo, aunque no se lo digo por miedo a que me descubra.
¡Tienes que tener cuidado! Tú estás más cerca de la familia, de los primos. Debes tratar de ayudarlos si tienen algún problema o si empiezan con los indicios de quererse suicidar, me dice, en tono preocupado y obligándome a prometerle que lo haré. Afirmo a todo lo que me dice, sin contradecirla como siempre lo he hecho desde niñas. Despreocúpate, le digo, que en la familia todos son felices y se queda tranquila o entendió la mentira.
Bonny se levanta de la cama con su vestidito floreado de dormir y pone sus delgados pies en el suelo, busca su celular que está entreverado con las sábanas de flores verdes y naranjas. No tiene ganas de seguir despierta, pero la obligan a vivir. Se calza y se mete a la ducha sin prisa. Se viste lentamente: una polera marrón y los blue jeans gastados. Aun no despierta del todo, pero se detiene en la cocina mientras todos duermen y toma su café pasado mañanero. No lleva zapatos puestos, como acostumbra a esa hora de la mañana. Toma sorbos largos y pausados y juega a matar las gotas que caen de su cabello. Piensa en su prima Yazmín, en su cabello rizado y sus ojos bonitos y la extraña. Tal vez por ella aún no me mato, piensa entre si, mientras se calza y cierra la puerta de su casa despacito para que no sepan que ya se fue, a pesar que se van a despertar todavía dentro de una hora.
Sebastián la está esperando en el paradero como todos los lunes. Nadie sabe que Bonny se ha intentado suicidarse una vez más el viernes por la noche o que el sábado no salió de la cama porque ya no tenía fuerzas para seguir luchando. Nadie sabe, ni Sebastián que la está esperando mientras ella cruza, trotando y evadiendo los carros, la pista.
- Hola bonita. ¿Qué fue?, te estuve llamando todo el fin de semana y no contestaste.
- ¡Ahh! tuve mucho trabajo y no tenía saldo. No te pude llamar porque mis papás se quedaron en casa todo el fin y el inter se malogró de nuevo. Agacha la mirada y le cambia el tema, como suele hacerlo cuando miente, pero Sebastián le cree o se olvida del tema.
Suben al carro y lo abraza muy fuerte. ¿Qué pasa mi bonita? le dice mientras le besa la frente. Nada, solo que te extrañé mucho, Oye...tú me quieres, ¿verdad? (Se ríe) Claro que te quiero, por qué la pregunta. No lo sé, solo quería saberlo, porque yo sí te quiero.
El carro avanza y ella se queda dormida en el pecho de él o por lo menos Sebastián piensa en eso. Bonny se acuerda de Yazmín, de la promesa, del pariente suicida del novio de su prima, de sus cambios fuertes de ánimo y se dice a si misma: No pienses, Bonny, no pienses.
...Melanina
Melanina es mi gitana favorita. Me lleva por un mundo de fantasía, hablándome, con esa voz tan suave, de la vida, de gente que nunca existió. Le gusta reír como a mí, pero sabe que mi risa se desdibujó. No llora, al menos no sola y me canta coplas inventadas para la vida, mientras cruzamos a paso lento las calles. Juega con el viento y el alborota mi cabello, pero no me preocupo por el aire, sino por admirar su falda de jean con esa raja en el muslo, sus camisas floreadas y el mismo rímel azul que usa siempre.
Entre nubes y muchedumbres desaparece cuando menos me lo espero. Desaparece y me cuida antes de irse, dejándome en un lugar seguro- como ella le dice. Su nombre me da risa, mientras le parece divertido verme comer gomitas importadas de colores. Cuando me habla se siente su paz tan transparente como su piel de nácar. No me gustan las tragedias- me dice en un tono molesto- No me gustan porque la gente sufre y yo concuerdo con ella en silencio.
Cada vez que abre sus labios emite palabras mágicas, sencillas e inteligentes como si todo ya lo tuviese planeado y me obligara a ser su testigo. Como si programara mis gestos, mis palabras y hasta mis pensamientos cuando la oigo.
- Dime, cuando me vas a enseñar a volar- Le pregunto y se ríe de mí o de mis tontas palabras, sacando de su bolsillo más gomitas de colores para dármelas en secreto.
-Mirarme volar y sígueme- me lo dice con su tono de orden.
La veo elevarse y desaparecer entre nubes, entre aires cálidos y lo rojo del atardecer. Entonces se ve pequeña y frágil en el cielo. Voltea y solo la escucho decir: ¡Ven!
Abro los brazos, extiendo mis manos y me dejo caer lentamente como en un hueco, en un halo, en la brisa más delicada. Me siento bajar y ser una pluma.
Abro los brazos, extiendo mis manos y me dejo caer lentamente como en un hueco, en un halo, en la brisa más delicada. Me siento bajar y ser una pluma.
No vuelo, caigo en cámara lenta, mientras la oigo a lo lejos repetir mi nombre cada vez más fuerte. Desciendo y ya no la veo. ¡Aparece! susurro en silencio pero ya no la escucho llamarme. ¡Aparece!- se lo digo casi suplicándole- ¡No me dejes caer! siento que no me escucha.
Pienso: Ahora huyo y Melanina espera que regrese antes del ocaso.
Pienso: Ahora huyo y Melanina espera que regrese antes del ocaso.
..Palabritas
Que nadie sepa lo que sé es más difícil de ocultar que encararlo y decirlo.
Sé lo que sienten los semi suicidas y asesinos pasionales o trato de entenderlos. Escuchar de los labios de otros decir que no te aman, quieren o su sinónimo es lo más desagradable que puede existir, sobre todo cuando uno ama, quiere o su sinónimo.
La gente no debería decirlo: "No te amo" suena catastrófico. Son ese tipo de palabritas las que te escarapelan el cuerpo, aceleran la sangre y te obligan a autodestruirte lentamente.
Un gran porcentaje de muertes son de ese tipo: pasionales.
No es bonito sentirte basura mientras la otra persona intenta calmadamente darte excusas tontas sobre cómo llegó a esa conclusión o lo intenta hacer, sobre todo cuando sabes que no es verdad que lo hace porque quiere "gilear" a la chica linda de su trabajo, a la amiguita que le dice que se le puede entregar completamente si él lo desea o la que se le hace la interesante para que le invite un helado. Esas si no son excusas tontas, lo tonto es tratar de justificarlo con un: "Ya no te amo" en vez de decir: "Soy un pendejo que si te quiere, pero que quisiera tener un romance con esa niñita porque está buena, pero que no le hace caso".
De pronto parece justificarse las locas ganas de morir o de verlo caer lentamente en un charco de sangre. De pronto, todo parece tener sentido; mientras los demás intentan tratar de comprender lo que no pueden o desean hacerlo.
Querida Hada Madrina
Mi madre es una hada madrina. Aparece y desaparece. A veces se le olvida aparecer por varios años y me hace extrañarla hasta que ¡Zas! regresa. Con esa sonrisita tímida. Con ese gesto de haberme extrañado y la nostalgia que volver a irse, sin mí.
Su recuerdo me es constante cuando huye. Cuando me deja llorar y reclamar su nombre a las estrellas. La que me obliga a recordarla con su falda color rosa y su cabello ondulado. Guarda mis números en su agenda perdida y las fotos mías en el álbum adolescente, que me lo enseña como un tesoro guardado cada vez que me permite verla.
Parece una niñita toda tímida ella. Rehúye de todos y no enfrenta a nadie. Esa, la que escapa del amor y ama en sus pensamientos y sus celos. La que se toma fotos con una flor en la mano y ama los vestidos floreados.
Sus cartas las tengo en la lata de galletas europeas que me compró sabiendo que no me gustaban, pero era su forma imparcial de decirme que debía hacerle caso. Ella, la que se toma fotos conmigo y que escondemos para revisarlas en nuestros corazones.
No recuerdo su voz, pero sí sus palabras, cuando aún luchaba por mí. Nunca permitió que me corten el cabello y me dejaba por varios días mientras salía a buscarme en rostros de otros niños.
"Te veo en cinco años"- me dice mientras se despide con su manito pequeña, diciéndome adiós en la estación de buses y yo, ya no quiero verla. No así. No despidiéndose.
No le gusta cocinar, le gusta dormir y mucho; además, no se relaciona con las personas que recién conoce: Tal como yo.
Madre si aún estas ahí. Si aún puedes verme, regresa por favor que a veces suelo repetir tu nombre, pero ya no apareces más como de niña.
"Te quiero mucho"- me dice por el auricular- ¿Me escuchaste no? Te quiero mucho y nunca lo olvides ¿Si?
La oigo y ya quiero verla: "Yo también mamá". Se ríe y cuelga el teléfono.
Pienso: "Ahora ya puedo recordar su voz y sus palabras".
..¡Hey!
Si me preguntaran qué es lo que más extraño diría: Nada. Si me lo vuelven a repetir y me buscan la mirada, diría: Extraño su aliento a cigarro y a caramelo dulce. Aunque siempre detesté que fume, amaba cuando me besaba con ese sabor.
No puedo recordar qué fue lo último que le regalé y no sé por qué, ni qué fue lo último que me dio él a mi. No recuerdo ni siquiera cuando fue la última vez que nos dijimos que nos queríamos. Estoy tratando de recordar palabras hirientes y no las hallo. Solo encuentro risas, abrazos y mi cabeza apoyada en su pecho. No recuerdo nada más y no sé por qué.
Tengo fragmentos de sus palabras, de sus besos, de la noche en el parque cuando me dijiste que no querías separarse de mi ni un segundo, mientras me reía y mecía en el columpio. De la vez que me regalaste un anillo o cuando me trajiste flores diciéndome: "lamento no poder darte más", mientras no dejaba de sonreír y de mirar el ramo.
De las peleas y terminadas en vaivén: Sé de un día, de una semana borrosa, cuando ya de noche, en medio de un micro, decidimos separarnos por no acordar nada más y cuando sabía que debía bajarme en mi paradero no me pude controlar y me puse a llorar porque ya empezaba a extrañarte. Me abrazaste y no me dejaste ir.
Tus palabras las llevo conmigo, todos los días guardadas en mi teléfono móvil y en el primer cajón de mi cómoda. Tu imagen está clavada en el mural de mi cuarto, con nuestras sonrisas en uno de nuestros paseos que antes duraban horas interminables. El retrato lo tienes tú, cuando me dibujaste y yo, después de un año, le agregué color con mis acuarelas de niña.
Las flores artificiales están en mi librero y tus libros amontonados entre mis papeles y tus cartas. Tu perfume lo llevo conmigo, impregnado en el alma. Me acompaña cuando salgo sin querer y te recuerdo. ¡Hey, te quedaste con una película mía! y yo me quedé con tus canciones, pero ahora son frases gitanas y hippies, esas con las que tanto me fastidiabas, esas aun quedan. Mi cabello sigue tan enredado y problemático, como siempre te gustó verme y el que ocultaba para ti.
¿Aun tienes mi arete, el que me regaló mi madre en una feria por el Centro? ¿te acuerdas? Se quedó mezclado entre tus sábanas. Ojalá algún día me los devuelvas junto con la pulserita que tu mamá me regaló. Sabes lo importante que son para mi.
Ya no uso pititas en las muñecas, me las arrancaron para no recordarte. Traté de que no me obligasen, pero fue imposible. Aún hablo tonterías, critico todo, imagino y veo cosas, solo que ya no estás ahí para contártelas. Ahora las cuento al viento y él trata de escucharme bajito.
Ya no canto, porque ya no tocas la guitarra. Ahora bailo y me pierdo entre las notas musicales. Bailo sin parar. Deberías verme, no me canso, puedo estar más de tres horas sin quejarme en la pista. No he vuelto a fumar o quizás sí, pero solo un poco.
Escribo mucho, como no tienes idea. Nunca te gustó que lo haga, pero créeme, ayuda. Ahora ya no estarás para enojarte conmigo por hacerlo así como yo no estoy para molestarme por tus salidas con tus amigas interminables, así que por ese lado ambos debemos estar más tranquilos.
No sabré qué sucedió al final, si es lo que me dijiste a mi o lo que muchas personas empezaron a hablar, pero me conoces soy terca y solo creo lo que me dices, así que seguiré haciéndolo y no sé por qué. Tal vez algún día lo sepa, quizás ¿no crees? Tal vez algún día, un día lleno de luz aparezcas como siempre lo hiciste y lo haces, sin que yo te llame.
Sra "T"
Te quiere
Te quiere
Ahora léelo de revés ( derecha a izquierda). Más difícil que hacerlo correctamente. (izquierda a derecha )
.. I am not your sweet
No soy la típica chica romántica que cualquiera cree, la que sueña con sonreír a diario o la que se acuesta pensando en soñar en un mundo de fantasía.
Soy dulce, pero nunca lo demuestro, al menos no en público, porque siento que me miran, examinan y analizan hasta qué punto de cursilería puedo llegar. Si me dejas sola con alguien que quiero, lo soy. Si me dejas en la calle con la persona que quiero, le demostraré mi amor a puñetazos.
Lo siento pero no puedo. Me es difícil que la gente me vea así tímida y enamoradísima de alguien. Lo soy y lo demuestro estando sola y me parece la mejor idea de ser románticos, sin tanta gente de mirones. Con palabras bonitas y besos apasionados sin llegar a ser obligados por el resto.
Los mejores amores son los que se esconden del resto. Los que dicen un "te quiero" solo para quien uno desea que lo escuche y puede abrazar a alguien sin límites ni miradas acusadoras. Así es más bonito. Así yo quiero amar toda mi vida. Ocultándome de la gente para dejarme querer y entrar en un juego de seducción sin que nadie más lo sospeche.
Así quiero, solo para mí.
..En la oscuridad, apareciste.
Y de pronto todo,
todo se puso oscuro.
Mi mente me jugó una mala pasada, eso fue todo. El motivo redundante para tener una excusa de acordarme que existías. No pude sostener el remordimiento de saber que ahora vivimos en universos paralelos, en mundos distantes. En la ventana que da a la pintura y juega con los días y las noches. En el renacer de uno y envejecer durmiendo del otro.
Mientras Joaquín me besaba sin que yo lo obligase a desenredarse se me escapó; en medio de la noche, del mar y de las palabras confusas; tu nombre. Solo yo lo escuché, te olí y te vi.
De pronto todo se puso oscuro dentro de mí ser y soñé que estabas ahí, tú el que no quiero ver y que me obligó a huir de su presencia. Al que destruí con mis manos mientras me arrebatabas las palabras con metales punzo cortantes. Ahí estabas, tú, de nuevo, en el lugar que nunca te imaginé: en mis labios y las oraciones que no repetía.
De pronto apareciste y la felicidad se derrumbó en lo más negro de la noche.
De pronto los risos de Joaquín se convirtieron en tu mirada; la sonrisa, en tus labios y sus manos; en tu piel. Intenté cerrar los ojos, pero ya era tarde. El fantasma de tu ausencia me embargó el alma e hizo de mí lo que siempre hiciste: quitarme el aliento y obligarme a auto destruirme sin palabras y con el aura en un hilo. A sentir miedo y deshojarme en tus enredos.
De pronto empecé a recordar todo lo que había borrado de mi piel, de mis deseos y de mi voz. No valieron los conjuros que realizó mi espejo contra tu nombre, ni los días en trance. No valió de nada huir de la sombra de tus pasos para intentar ocultarme a mi misma que alguna vez juré destruirte.
De pronto recordé qué es extrañarte.
....Moscas
Yo tuve algunas moscas de mascotas de niña. Vivían en una funda de rollo kodak. No recuerdo exactamente por qué las atrapaba. Creo que era porque sencillamente me sentía sola. Nunca me regalaron una mascota de pequeña. Seguro pensaban que no la necesitaba o no les interesaba tener una animal fastidiando todo el día; por eso, no decía nada.
Aun vivíamos en la casa más bonita que recuerdo, con todos mis tíos y la señora Susana que me quería y me daba a escondidas, todos los días, a las cinco de la tarde, los postres que, según ella me hacía creer, solo los preparaba para mí y nadie más, ni para sus hijas adoptivas.
Me gustaba ir a su casa, estar con ella y escuchar sus historias mientras me embutía lo que me había preparado. Ella también adoraba las mascotas. Lloraba cada vez que enterraba a una de sus enésimas Pininas (así llamaba a todas sus perritas) en el jardín de su casa, sabiendo que a los días siguientes tendría una perra tan parecida como la muerta. Me dejaba sentarme a pensar sola en su enorme jardín, a jugar con el lodo y las plantas y recolectar moscas poniéndolas en dentro del tubo de rollo con mucho amor, como si me entendieran y me miraran con sus miles de ojos.
Cada tarde les daba un grano de arroz y les abría la tapa de la funda para que respiren el aire del anochecer. Nunca se escaparon, o quizás sí, fue una de tantas que coleccionaba.
Pasando los días las dejaba ser libres y nunca más las volvía a ver. Era nuestro secreto: Ellas se quedaban conmigo y las alimentaba si me hacían sentir acompañada, por lo menos un ratito mientras las tenía en mi bolsillo derecho de short, sin que nadie sepa.
Yo nunca tuve un animal doméstico de mascota, yo domesticaba las moscas y ellas decían ser mis amigas.
¡Se me ocurrió una idea de pizza!
La semana pasada me encontraba en carro, parada como de costumbre, en pleno tráfico nocturno, cuando de pronto vi una moto de delivery, que también estaba en medio del laberinto de carros y pensé: " ¡Ala! ¿Cómo hará? debe llegar en 30 minutos o el pedido es gratis y con este tráfico es muy difícil." Así que empecé a divagar (como siempre) e imaginé un caso que me pareció gracioso (en mi mente claro está, sino la gente me empezaría a mirarme raro)
Imaginemos que en una pizzería hacen un pedido por teléfono: Una pizza de cuatro sabores en una, caliente, con harto queso, con una gaseosa bien helada y unos palitos al ajo. ¡Listo! el pedido ya está hecho y se pone en la cesta de la moto de delivery. El trabajador se alista, arregla su uniforme, prende la moto y se va del local con la dirección en la mano y la meta de todas las noches: llegar en menos de 30 minutos o el pedido será gratis para el cliente, pero él deberá pagarlo por llegar tarde. Así que acelera, buscando la calle de la dirección.
Pero no le es fácil llegar. El cliente, un señor cuarentón que, ante la insistencia de sus hijos y la nota en la refri de su esposa diciendo que esta noche trabajará hasta tarde, por lo tanto no hay comida, pide una pizza. Solo que está cansado de: "Si en 30 minutos no llega, es gratis" y nunca le liga, entonces decide poner en todo el barrio una serie de trampas para el señor del delivery llegue tarde.
Así, nuestro inocente trabajador, llega al barrio, busca el la dirección de la casa en su lista pero ¡Oh, sorpresa! en medio de la pista hay: Clavos, chapas y un perro bravo está esperándolo. Los tachos de los basureros están desparramados por todo el vecindario y él deberá de evadirlos, le cae agua fría de una de las casas. Mira su reloj y ¡Tiene menos de dos minutos para entregarla! Así que: acomoda su casco, se mira en el reflector de su moto y evade cada trampa que le han colocado, llegando a la casa con un segundo antes de la media hora. El cliente, como se imaginan, está furioso, deberá pagar lo que pidió, pero sus hijos están contentos: ¡Cenarán pizza!
Mientras el cliente, muy serio, le paga al señor del delivery, él: golpeado, sucio y casi adolorido, recibe el dinero con un gran sonrisa, otro pedido cumplido y su sueldo intacto.
No es bueno verme en las mañanas
Nos hemos perdido tanto que, ahora, nos encontramos en el mismo lugar donde fuimos tan felices. Tal vez no será la misma hora en la que una vez me dijiste, en ese mismo lugar, que me amabas y nunca me dejarías. Creo que fue eso, la hora. No es bueno verme en la mañana, generalmente paro con hambre y adormecida por no haber dormido bien la noche anterior y tú paras tan confundido entre tus pensamientos. Tal vez fue eso: la hora.
Estaba dispuesta a todo, a dejar pasar tantas cosas, a encontrarle la solución a muchos problemas que habíamos tenido y a seguir siendo felices.
Llegué veinte minutos antes de la cita para ordenar mis ideas, buscando las palabras exactas, poner esa mirada de complicidad que tanto te gusta y un echarme a la cara un poco de alegría. No te había visto hace un mes y sentía que ya no podía estar un minuto más sin ti.
Te vi llegar doblando la esquina, con el polo que tanto odiaba y tu seriedad cortante. No es bueno que me hablen del clima en la mañana, casi nunca lo noto antes de las doce. Para mí, las mañanas, todas, absolutamente todas, saben igual si no te tomado un café al amanecer.
Lo admito, soy muy impaciente y ya no quería seguir hablando de: los amigos, del día, de las noticias. Solo me importaba saber de ti y de mí. Decirte todas las cosas que había preparado en mi mente, todas las conclusiones a las que había llegado y las esperanzas que me embargaban de nuevo. Esperaba tanto poder contártelas, rebosar de felicidad mientras te las decía y ver tu cara, tratando de entenderme, mientras hablaba más rápido de los normal, mientras te reías de mí. Pero no fue así, nada fue así.
Mientras yo planeaba tantas ideas en mi cabeza, en segundos me las fuiste desvaneciendo. Te dije: no es bueno no vernos. A ti te vuelve frío y a mí, me llena de ilusiones todo.
No debí preguntarte cosas que no quería escuchar o al menos no debí dejar que empieces a hablar. Debí ser yo y mis tontas ideas de ser las personas más felices del mundo. Cuando hablas primero, casi siempre matas las ilusiones que llevo dentro, solo que no lo digo para que no pienses que soy una soñadora empedernida.
Pero hay algo que no planeaste bien, no debiste obligarme a quedarme a tu lado mientras acababa el día, porque aunque trataba de tragarme junto a la hamburguesa mis penas, también me tragué mi orgullo y decidí ciegamente aceptar lo que me decías.
No es bueno darme esperanzas de que aún me amas, de querer que esté a tu lado como siempre y sentir que poco a poco te estás apagando dentro de ti o que lo percibo de esa forma. Sería más bonito seguir soñando que todo está bien, así como me engaño cuando me despierto. Así es más saludable de ver las cosas y de esa manera, no recuerdo que te quitaste, de la mano, la pulsera que te di.
..Nunca te enamores, Glennys López
La mañana es cálida para mi, fría para el resto de personas que pasan mirándome, parada en la esquina de la avenida, esperando a Joaquín que se ha retrasado diez minutos. Tengo miedo, ¿Y si me deja plantada de nuevo?- pienso en silencio.
¡Soy una cojuda! debería estar en mi casa, en mi cuarto y en mi cama, no esperándolo. Pero estoy ahí, dejando que todos me vean y examinen de pies a cabeza, mientras trato de mirar al infinito y reconocer entre las caras a un chico de mediana estatura, cabello medio largo, medio ondulado y medio peinado, sus lentes de marco negro, su barba mal rasurada y su sonrisa tímida.
¡Soy una cojuda! debería estar en mi casa, en mi cuarto y en mi cama, no esperándolo. Pero estoy ahí, dejando que todos me vean y examinen de pies a cabeza, mientras trato de mirar al infinito y reconocer entre las caras a un chico de mediana estatura, cabello medio largo, medio ondulado y medio peinado, sus lentes de marco negro, su barba mal rasurada y su sonrisa tímida.
Me mira y sonríe. No sé qué hacer. Hace cinco años nos conocemos y aún me sigue intimidando su sonrisa, sus ganas de ser una persona reconocida y su gran destreza para intentar saber todo.
Llega y caminamos entre ambulantes que pasan a toda prisa. Antes de llegar a la esquina me coge del brazo a toda fuerza, jalándome hacia su pequeño cuerpo y me besa en silencio. Siempre lo hace o lo intenta cada vez que no veo otra escapatoria. El día empieza y nosotros recorremos las calles cogidos de la mano, como si fuésemos una gran pareja, pero no es así.
A mí me gustas- pienso en silencio-mientras lo dejo hablar de su música, sus discos y sus borracheras.
¿Y si se lo digo, me seguirá mirando extraño?- me pregunto, mientras trato de sonreírle y asentir con la cabeza a sus relatos.
Nunca he sabido si Joaquín me quiere, le gusto o sencillamente quiere pasar el rato conmigo. He tratado de descifrarlo entre su caminar lento, sus besos apasionados y su manía de llevarme de la mano, pero no he tenido éxito.
- ¿No le has dicho a nadie que estamos acá?- me pregunta bajito. Nadie de mis amigos sabe que me he escapado de nuevo de casa, mientras todos duermen, para tomar el primer bus de la mañana y correr a verlo.
- No- respondo segura.
Entramos a su casa en silencio. No hay nadie, pero lo hacemos como un ritual de amantes furtivos.
Me gusta su cuarto, siempre me ha gustado. Los posters pegados de Kurt Cobain, de las grandes bandas de metal, su pared oscura y los zapatos tirados. He tratado de hablarle, pensando: Tengo que decir algo inteligente, algo con sentido, él sabe de todo, así que por lo menos debo sonar interesante.
Me besa. Me acuesta en su cama y me desviste. Yo lo dejo. Me gusta ver sus manos peleándose con la correa para sacarme bruscamente el pantalón. Yo lo dejo mientras se desnuda.
Intento pararlo pero es en vano, sus besos son un arma letal a su favor. Amo escuchar cómo inventa historias y me hace preguntas mientras estamos debajo de las sábanas. Suda y se despeina por completo.
Paramos y conversamos sobre películas, música y los nuevos libros que han salido al mercado.
- ¿Joaquín?
- ¿Si?
-¿Cuántas veces nos hemos besado?
- Cuatro.
Cuatro. Cuatro veces he caído rendida a sus besos, sus caricias y sus palabras enredadas. No imagino poder preguntarle si le gusto. Tengo miedo, pero no tanto como no volverlo a besar nunca más.
- Ya vámonos que es tarde. No quiero que sospechen- le digo apurándolo en el baño.
Sale y siento que observa por el espejo cómo me maquillo, mientras se ata las zapatillas.
- ¿Qué?- le pregunto, dejando de pintarme los labios, haciéndole un gesto con los ojos.
Me mira y se sonríe-Nada, solo quería mirarte.
Nunca he dejado que me dé un beso en la boca de despedida. Prefiero huir antes de preguntarme por qué terminé en su cama de nuevo y sentirme culpable.
No se lo he preguntado nunca. A veces tengo miedo de que en realidad no me quiera o no le guste, pero más miedo tendría escucharlo decirme que solo le gusta estar un ratito conmigo, nada más.
Por eso no se lo pregunto y huyo antes que mi lengua deje salir las palabras que trato de ocultar.
....¿Serás acaso un cara de limón?
El reloj corre a la velocidad de la luz. Los autos son cada vez más caros, más rápidos y menos seguros. La gente camina más aprisa y corre, en tacos, por las avenidas principales. El agua se acaba. El sol quema más en los lugares donde el agua escasea y se espanta cuando uno tiene frío. El cielo y la noche se confunden entre faros luminosos, acompañados de carteles que te invitan a crear sensaciones nuevas.
La calle está más abundada y menos segura. Los niños ahora juegan con cosas tan electrónicas donde la imaginación ha quedado reemplazada. Las miradas son pobres, el botox no te deja expresar lo que sientes. Y yo me pregunto: ¿En qué momento respiramos, pensamos y nos reímos? Los periódicos son tumbas nefastas que nos invitan conocer como nos vamos denigrando paso a paso, lentamente como gotas de agua desperdiciadas. Y yo me pregunto: ¿A qué hora sonríes? La tristeza es lo que más abunda en el alma de todos. Existen tantos médicos en el mundo como curanderos en una cuadra de cualquier país, ciudad o distrito.
Ya nadie espera con una angustia en la garganta al cartero con una nota que nos invite a seguir soñando. El correo electrónico ha desplazado los sentimientos por la inmediatez. Y yo me pregunto: ¿Tendrás tiempo para sonreír? El paso de los años pesan en los huesos. La muerte se vuelve algo cotidiano y recurrente a cada minuto. Los días pasan y son pocas las noticias alegres que nos motiven a ser felices. Y yo me pregunto: ¿Sonreíste hoy?
La gente ya no saluda, no te trata con un ser viviente sino como la cucaracha con que se toparon en alguna calle o algún bar. Las anfetaminas son más recurridas, cuando uno tiene un problema, que los psicólogos quienes te obligan a contarles todo lo que piensas, como si tuvieras la obligación de abrir la boca para que decirles hasta tus más bajos instintos. Y yo me pregunto si: ¿Pudiste sonreír? Las iglesias se atiborran de supuestos religiosos que con el corazón en el pecho, se culpan de todos su males y prometen, ante un ser más perfecto, lograr escarmentar sus faltas. Los rateros juran que este será su último asalto, la última vez que pequen. Los infieles piensan en lograr llegar a amar a quien le dicen eso todos los días. La gente muere a paso lento engañándose con que todo va a estar bien. Y yo me pregunto: ¿Con quién te reíste hoy?
Para poder sentirte vivo pagas, para sentirte sano pagas, para poder reírte pagas y hasta por llorar; pagas. ¿Pagarías por algo que es gratis y lo puedes tener cuando desees? Las deudas son el pan de cada día y la economía dice subir. Lo único que sube es el deseo que buscan incansablemente: Algún día, no trabajar.
Deberías sonreír para evitar ser uno más de los caras de limón, para evitar morir sin saber que hoy puede ser la última vez que lo hagas.
Se llama James y no sé nada de él
No lo recordaba hace años, es más me había olvidado de su existencia. Hasta que un día se me vino una imagen de él sin pensarlo, como un recuerdo incrustado en la memoria que ya había olvidado. Se llama James, es dos años menor que yo y fue un gran amigo. Recuerdo que me gustaba su amigo. Nunca tomé interés en James como "algo más".
Había pasado cerca de un año que no lo había visto porque llevábamos estilos de vida diferentes. Yo empezaba a ser errante y él buscaba un futuro. Un día, por cosas de la vida, apareció de noche en mi casa, pidiéndome prestado un libro y terminamos hablando más de la cuenta, recordando los viejos tiempos como grandes amigos. No sé bien como sucedió, pero en poco tiempo terminamos intercambiando películas que él coleccionaba como un adicto y libros que yo me entercaba en que los lea, a pesar que no los entendía.
Ni siquiera sé cómo nos besamos y terminamos siendo enamorados. Creo que todo pasó tan rápido que se me borraron esos recuerdos. Tengo pocas imágenes claras de él en mi memoria. Usaba, en ese tiempo, el cabello hacía atrás y siempre estaba impecablemente vestido.
Me di cuenta que me gustaba cuando atravesó toda una procesión para llegar donde estaba. Íbamos casi a diario a una plaza en el Centro de Lima, teníamos conversaciones largas y enredadas en el carro y me escapaba de casa para buscarlo en aquel lugar donde podíamos estar literalmente solos.
El día que terminamos fue cuando nos dimos cuenta que éramos mejores amigos que enamorados. Habíamos pasado la tarde recorriendo lugares hasta que llegamos a San Miguel y sentados nos dimos el adiós. Nos reímos de todo lo que nos había pasado.
No lo he vuelto a ver desde aquel día y no sé cómo estará porque solo sé su nombre y los amigos en común desaparecieron con el tiempo. Espero que todo te vaya bien James. Ya no me gusta tu amigo. Ya no soy tan errante y sigo teniendo tan mala memoria como cuando eras mi amigo. ¿Te habré devuelto todas tus películas?
Papá
Papá se fue de la casa. Literalmente. Se mudó al tercer piso, cuando mi madre hizo bolitas su ropa y la colocó en bolsas de plástico negras en la puerta de su oficina. Lo hizo sin ninguna lágrima o compasión. Se acordó de llorar al segundo día al despertarse y ver su cama vacía.
Nunca nos dijo nada a nosotros, es más hasta el momento no nos ha dado la cara.
Nosotros, sus hijos, nos hemos llegado a encerrar en el primer piso, cerrando la puerta, con llave, que da a las escaleras.
Prácticamente nos hemos enclaustrado como una coraza anti- papá. Un papá que se quedó mudo, sin habla, el día domingo, a las seis de la tarde, cuando decidió poner sobre su familia, sus hijos y su cordura a la insípida amante que lo acompaña desde que nos enteramos que existía.
No pudo enfrentarla y salir a defendernos. Ese fue el detonante de su vida solitaria allá en un cuartito del tercer piso de la casa. El cuarto de huéspedes que ahora hospeda y al cual lo visita cada noche en la madrugada, que quién sabe si fue porque la señorita amante aún se hace la púdica de no dejarlo quedarse a dormir con ella toda la noche.
No es sencillo ignorarlo, sobre todo cuando se escucha sus pasos cansados y llenos de vergüenza deambulando por los pisos altos de mi casa, como un eterno fantasma del cual nos tenemos que esconder para no sentir que aún nos importa. No es fácil voltearle la mirada y callar todo para que mamá no se derrumbe.
Papá le dijo a su hermano mayor que se siente mal porque perdió a su familia. No se da cuenta que nosotros perdimos mucho más.
Las mujeres también hablamos de sexo.
Hace poco tuve que ir al ginecólogo por un dolor terrible en los senos. Había estado prolongando la cita por meses. Lo admito soy demasiado miedosa para ir sola a un hospital. Mayormente voy con un amigo o con una tía que es tres años mayor que yo. Ella me acompañó la primera vez al ginecólogo cuando tuve una infección.
Me atendió una doctora que hablaba como la "Señora Ley" muy fuerte, clara, gesticulaba todo lo que decía y murmuraba, con el vozarrón de una típica jueza.
- A ver Glennys, ¿Cuántos años tienes?
-23.
-¿Estas en alguna relación?
- Sí.
- ¿Cuánto tiempo llevan?
- 3 años y... cinco meses
- ¿Cuántas parejas sexuales has tenido?
En esa pregunta no aguanté la risa, ¿cuántas parejas sexuales he tenido? Mi tía que estaba al lado se rió de mi: Habla, te presto dedos si quieres.
Me reía y trataba de acordarme y no recordé. Me acordé la primera vez, la cuarta, la penúltima y mi actual pareja, pero ¡Qué demonios! no recordaba.
- Glennys ¿Cuántas parejas has tenido?
- ¿Contando la actual?
- Sí, esa también cuenta.
- Ya... cuatro. La verdad no recordaba, creo que fueron más pensé, tratando de acordarme. ¡Maldición! no recuerdo. Tantos años y nadie me preguntaba eso. Cuatro serán.
- Ya listo, cuatro.
Me hizo una serie de tocamientos en los senos y me mandó una ecografía para darme un diagnóstico.
Mientras esperaba la ecografía miré a mi tía: Oye, creo que fueron más de cuatro.
- Habla te presto dedos.
- No en serio, veamos: Primero el hippie, luego... el francés ya después habían dos que coincidentemente tenían el mismo nombre... ya, van cuatro.. ¡ahh! el escritor ¡cinco! y mi novio seis. Ya gordita, ¡seis!. Lo dije con tanta euforia como si hubiese averiguado o recordado el número de un ticket de juego de azar.
- Y te emocionas ¿no?, ¡seis! hay mujer ¡Qué bárbara! ¡Qué dirían tus papas si se enteran!
- Nada, fácil mi viejo me gana. jajaja (risas)
Pero mi madre se hubiese desmayado. Ella proviene de la antigua forma de criar a las niñas. Ninguna mujer se acuesta con desconocidos, es más, virgen y pura hasta el altar. ¡Ah! y una mujer nunca, pero NUNCA, habla de sexo o dice algo para proponerlo. Se crió en la época machista de la mujer.
Yo no me vengo con vainas. Por qué yo, siendo mujer, debo callarme, reprimirme y no amar la piel, el cuerpo. No decidir con quién o no acostarme. Por qué yo no puedo jugar un poco y decidir con quién me acuesto o no. Yo nací libre y feminista. A mí, nadie me elige, yo lo hago y de la manera que deseo. Por qué debo subyugarme y rogar un poco de amor, un poco de pasión. Por qué no puedo también sentir. A veces no puedo entender cómo hay mujeres que ruegan por un poco de amor, que soportan ser cambiadas, denigradas, manchando su dignidad por rogar que un hombre la quiera.
Si todo eso fuera correcto entonces... ¿Fue en vano rebelarse y luchar constantemente por llegar a ser libres y separadas por la estúpida costilla que dicen nos dio vida?
Es más bonito ir por la vida queriendo y dejándose querer. Las mujeres también elegimos con quiénes acostarnos madre, también podemos hacer eso.
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