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El mejor reality del mundo

Soy fanática de los dibujos, los veo más que las noticias. Es que es indudable que nos hacen reír y volver a sentirnos como mocosos absortos mirando la pantalla mágica.
Isla del Drama lo veo hace más de un año, a pesar que ya acabó el dibujo animado. Me pareció diferente del resto. Satirizaba los realities en sus 26 episodios que duró.
Si hicieran, en la vida real, un reality, como ese, pagaría por verlo en vivo y en directo.
Acá les dejo tres vídeos de la semifinal (capítulo 25) que me pareció los mejores, ridículos y repugnantes, desafíos que hicieron.
Mi parte más divertida peñizcarle la tetilla a un oso, que acompañó la serie hasta el final. Otro de los mejores capítulos es la final donde aparecen, como una cereza a la torta, los famosos y graciosos tiburones capaces de quedarse admirados ante
Happy day my blog
Si se quiere, se mata
Se armó de valor y le contó, claro, después de los desmayos, gritos y lisuras que hizo y dijo su madre al enterarse del nuevo miembro en la familia. Al final tuvo una preciosa bebé, después que se casó. Fue la única condición que su madre puso. Lo cierto es que tuvo suerte. Su, ahora, esposo la adora hasta el día de hoy.
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Did you visit Arequipa?
Reconozco que he viajado, o viajo, con cierta frecuencia porque me aburro estar en una ciudad con el cielo de panza de burro, como llama un gran profesor a Lima.
Entre las dichas entendí que mantener esa ciudad, como una tasita de té; cuesta. No llegué a conocer el cañón del Colca, me hubiera costado el pasaje de regreso. Pienso regresar a la ciudad dentro de algunos años, pero llegar como los ancestros: caminando.
Desde que llegué me acordé que una vez en Huaral probé, a los 15 años, el rocoto relleno y quise hacerlo donde mejor lo conocen.
Definitivamente la sazón no estaba ambientada para un turista con gran gusto culinario como es el peruano. Nadie nos puede engañar a la hora de sentarnos a la mesa y muchas veces, creo a la mayoría que le ha sucedido, no le da ganas de pagar la cuenta, no muy barata, al ver que su comida no fue la gloria del sabor.
En ninguno de los restaurantes que fui me dejó un gran amor a la comida arequipeña y eso que cada día cambiaba de restaurante buscando el mejor.
El recuerdo más grato que me llevo es haber conocido un volcán (desde lejitos), haber probado el queso helado, que fue lo único de lo que me arrepentí de no pedir repetición, y de no haber encontrado a nadie que me hable en quechua o aymara. Todos hablaban inglés y español. Esperaba a las mujeres con sus fastuosos trajes vendiendo queso helado o recuerditos me digan aunque sea un saludito en su lengua natal.Nadie lo hizo.
Regresaré para viajar a los lugares que no aparecen en las agencias turísticas, a los pueblitos sin sillar o ir a las fiestas tradicionales, a las que pensaba asistir y que los taxistas ignoran si se celebran ahí o no lo quieren recordar.
Definitivamente Arequipa es "otra" ciudad que se pierde entre el turismo internacional y a veces dejan de lado el orgullo de ser peruanos, de haber nacido en un volcán andino y de llevar el nombre traducido del quechua: "Si, aquí quédate".
Atentado a una virgen

Vivir para contarlo
Eran la una de la tarde de un lunes 13 de febrero. Corría el año 1995 y la guerra del Cenepa había empezado 19 días antes. En la selva del Ucayali, 6 tripulantes volaban en un helicóptero llevando provisiones y armas. De pronto, sintieron un fuerte golpe en la parte trasera del helicóptero. Las ametralladoras ecuatorianas les aclararon rápido lo que pasaba. La nave había sido derribada por artilleros. José Luís Mosquera Soto, al igual que sus dos hermanos, desde muy pequeño había tomado la decisión de ser militar y a sus 27 años era, con inocultable orgullo, primer suboficial y radioperador en aquella misión.
No entendía que sucedía hasta que sintió como el helicóptero daba vueltas a una gran velocidad, mientras el piloto trataba desesperado de maniobrar aquella máquina que se precipitaba a tierra para salir ilesos. Gracias a la pericia del piloto, las seis personas salieron del helicóptero con vida, ayudándose unos a otros, antes que la nave explosione. Sin embargo, lo peor estaría por venir. ¿Cómo sobrevivir en una selva densa, sin alimentos, con heridas abiertas y desorientados?... ¿Como saber cuándo va a venir la ayuda?... ¿Cómo saber hasta donde se puede resistir?
Lo único que hicieron fue caminar guiados por un río que encontraron y por la luz del sol. “Solo teníamos el fin de salir de ahí con vida, pero el dolor de los golpes, los gusanos en nuestros cuerpos empeorando nuestras heridas nos impedía seguir juntos. Poco a poco unos fueron avanzando más despacio porque sus cuerpos no les permitían seguir al ritmo de los demás y con la esperanza de alcanzarlos se desviaron del camino o se fueron quedando por el dolor de sus heridas. Fue duro alejarnos, pero era necesario; la idea era llegar y pedir ayuda por los que estaban aún en la selva” recuerda
Pero pasaron los días y la ayuda no llegaba. A veces trataban de hacer señas a los helicópteros que pasaban, aunque los invadía el miedo pues podían ser del bando enemigo. José Luís Mosquera termino siguiendo al Teniente Gutiérrez, aunque seguirle el paso en la selva fue complicado. Los demás se fueron quedando en el camino. Los días pasaban y la ayuda no llegaba, las heridas empeoraban. Los cuerpos, incluso, ya emanaban olor a podredumbre. Así pasaron once días y José Luís Mosquera caminaba solo, adelante, no había probado alimento desde el día del accidente y solo el río del cual se guiaba le daba las fuerzas necesarias para seguir caminando. Casi había perdido las esperanzas; hasta que pudo divisar un helicóptero que volaba al ras de la copa de los árboles. Busco hacer señas y con las fuerzas que le quedaban saltó y gritó, para que lo pudiesen divisar. El helicóptero pudo reconocer las señas. De inmediato lo ayudaron, su cuerpo estaba infectado por los huevos que los insectos que habían estado carcomiendo sus heridas habían dejado dentro de su piel.
La nave que lo rescató lo transportó al distrito de Ciro Alegría y de ahí a Lima. Al poco tiempo, encontraron también, gracias a sus datos, al Técnico Pasapera, aún con vida. Los demás, lamentablemente, no corrieron con la misma suerte. De las cuatro personas restantes solo encontraron los cuerpos del piloto y el Teniente Gutiérrez. Los cuerpos del Capitán Díaz y del Teniente Gonzales nunca fueron encontrados.
Cuando José Luís Mosquera fue encontrado ya se había firmado la declaración de Itamaratí el 17 de febrero del año 1995. José Luis Mosquera, pese al paso inexorable del tiempo, tiene el recuerdo fresco de esas 264 horas herido, perdido, internado en la selva sin saber que sobreviviría para contar su experiencia que le ha dejado secuelas físicas imborrables: cuatro operaciones a la rodilla y una artritis que va ganando, a plazos, la batalla y deteriorando su salud.
Ahora tiene 40 años, está casado y es padre de tres hijos. “Lo que nos pasó fue como una película de ficción, solo que esta vez nosotros fuimos los protagonistas”, me dice ahora en su vivienda de dos pisos, sentado con algunos kilos de más en su sala con un vaso de gaseosa en la mano y la mirada fijada exactamente en ningún lugar.
La vida es bella
Con mis pies helados y el alma en un hilo descubro mi vida a través de una canción que me la cantó la otra vez una estatua de plata. Si yo tuviera el alma de sus ojos tristes, perdidos y hermosos en su fantasía, sería feliz.

Metáfora de un limón
La tristeza de Eva
Return
Hoy te vi y me derrumbe al ver tus sueños caidos.
Hoy te vi y supe lo frágil de tu cuerpo implorando no más pena, no más dolor.
Hoy te vi sin esperanzas y me vi sin ti,
que ya no quise volver a verte.
Quise borrarte o borrarme a mi de ti.
Hoy te vi y quise explicarte en un soplo un mundo.
Quise contarte tu sueño creado.
Hoy te vi y lo volveré a hacer... mil veces más.
Si te pierdes, yo te encuentro
ANTONIO:
G.l.e.n.n:
Que se perdió entre sombras.
Que no encontró la salida.
ANTONIO:
Dejé de prometer
Ya no pensaré en quererte cuando se apage la luz, ni dejaré que te escabullas sobre mis pantaletas, ni mucho menos cederé a tus besos secos.
Dejaré de olvidarte cada vez que me despido porque dejarte es mi infierno. Dejarte de querer sería como una canción que no hable de tus ojos, de tus arrugas, de tus recuerdos.
Prometo no llamarte a viva voz cuando deje de gritar.
Prometo no buscarte mientras tu alma recorre el mundo, descalza de tanto andar, de tanto amar.
Si la vida daría mil vueltas yo regresaría a ti cada fin de año.
Buscaré mi planeta plano en el cual mi mundo no gire paralelo al tuyo, recojeré mis huellas mientras tu alma recorre nuevas camas llenas de amores fortuitos.
Aprenderé a recorrer mi cuerpo tantas veces como viajo por bus, por poetas tristes, poetas de un centavo.
Regresaré a ti cuando ya no puedas verme, cuando tu cielo grite mi nombre mientras te hacen el amor y mientras yo entro en una habitación de cuarta.
Regresaré a ti cuando deje de frecuentarte cada mil años para que me remuevas la piel y me desgarres las almas que no me dejan quererte.
Regresaré cuando deje mi hobby favorito, verte desahuciado y caido en tu propia culpa.
cuando te sienta mio regresaré, mientras tanto escribiré cada paso mal dado, cada plegaria tuya por morir de amor mientras yo, me desahogo en tu mar.
Dos es menos que uno
Y mientras tú...
de tus silencios absurdos,
de callar mientras no dices nada,
de escapar al viento,
de doblarte la espalda cada vez que besas el aura.
Me cansé de tus ruidos desgarrados,
de volverte a la realidad cuando te estoy perdiendo,
de revivirte cuando te ahoga el vacio.
Me cansé de tus injurias breves,
de tus sin sabores como postres,
de desgarrarte la piel cuando no dices nada.
Me cansé de tus apagones sin razón,
de esta nostalgia que te embarga,
de despertarte a media noche, para que
me puedas amar.
Me cansé de mirar tus ojos perdidos,
mientras tú, no dices nada.
Un mar, una vida

Trabaja en ese lugar hace 30 años, aunque reconoce que ha pescado donde el mar lo ha llevado: Callao, Chorrillos, chimbote y hasta en ríos de la selva, lo que lo llena de orgullo.
Durante sus años como pescador nunca había odiado a la mar que tanto quiere, hasta que en julio se llevó al hijo que más quería. Por más que se diga que no hay hijo preferido, para Vestuciano, él era su orgullo dentro de sus cuatro hijos, el que había logrado salir adelante, estudiar y ser el ejemplo de su nieto.
“Estábamos pescando como todas la veces que él decidía acompañarme, porque para serle sincero señorita, a mi nunca me gustó que salga conmigo a la mar. Siempre quise algo diferente para él. Ingresó a La Marina y terminó su carrera ahí, pero necesitábamos dinero para un examen que debía rendir para escarlar un cargo. Mi hija tenía el dinero pero no quiso prestarle ni a él, ni a mí. Perdió el examen, pero no la esperanza, quería postular el año siguiente por eso decidió acompañarme a pescar y así poder cubrir su examen para el próximo año.
Esa vez estábamos los dos en la mar, recuerda con nostalgia. Él se encontraba sentado en la proa y yo extendiendo la red alrededor del bote. Me acuerdo que teníamos la intención de quedarnos todo un día, porque la salida a pescar se iba a realizar en la noche o en la madrugada. El mar estaba crecido y yo trataba de recoger la pesca subiendo la red. Él se sostenía como podía en la proa, cuando una gran ola desequilibró el bote, y mi hijo cayó al mar.
Lo llamé como pude tratando de buscarlo en medio del mar y la oscuridad de la noche, no respondió. Le avise a mis compañeros, que se encontraban cerca, para que me ayuden a buscarlo, me pase toda la noche y la mañana llamándolo, buscándolo con todas mis fuerzas, no lo encontré. No perdí las esperanzas de encontrarlo. Cuando la corriente sube el mar te arrastra y decidí buscarlo en otra ciudad.
Me fui hasta Chiclayo pensando que había podido arrástralo hasta allá. Ningún pescador daba indicios de haber encontrado a un náufrago. Rendido regresé después de 13 días al muelle.
Cuando llegué a Puerto Viejo mis compañeros me dieron la gran noticia, lo habían encontrado a menos de 30 metros de donde se hundió, solo había un problema, la noticia me la dieron con una tristeza que pude ver en sus rostros, estaba muerto. Recogí el cuerpo, estaba tal como cuando nos fuimos al mar, solo estaba hinchado por el naufragio.
Desde ese día cargo su foto en un collar que confeccioné en su honor. Nunca me lo saco ni para ir a trabajar. Era de todos mi hijos, el que más me apoyaba, tenía tan solo 24 años cuando murió y un niño de 4 años.
Lo que me apena es que mi hija pudo ayudarlo a dar su examen, si lo hubiese hecho, hoy estaría con vida, pero a veces el mismo dinero transforma los sentimientos, hasta de personas con la misma sangre.
Mi nieto aún no sabe que su padre ha fallecido. Cuando le preguntan dónde está su padre, el sonriendo responde: “Se ha ido a pescar en un gran barco, porque él es marinero”.
No quiero que todavía sepa la verdad, es muy niño para afrontarlo. Yo me estoy haciendo cargo de él y de mi nuera, ellos viven conmigo y mi nieto se ha convertido en mi motor de vida, por él sigo trabajando a pesar de mi edad, aunque no gane mucho, lo haré por su futuro.
De su hijo fallecido le queda la foto y su nieto que cada vez se parece a él. De su padre, quien fue también pescador como el le queda la experiencia, aunque como a él le paso en el futuro, no quería que Vestuciano sea pescador. El iba a ser médico, pero la pasión del trabajo del padre lo llevó a la mar. Ahora se arrepiente, sobre todo los días que hay baja pesca. En el tiempo que su padre vivía el trabajo como hombre de mar era más remunerado, su padre tenía en su propiedad seis botes que los alquilaba y estaba económicamente bien. El se dejó seducir por la posición de su padre, dejó hasta los estudios por ser también hombre del mar. Ahora la situación es diferente tiene que lidiar constantemente por tener una estabilizada económica para su esposa y su nieto.
Su bote fabricado en chimbote tiene el nombre de Melchorita, la santa del pueblo de Chincha, según cuenta lo salvo de una semi-invalidez de las piernas cuando de joven se cayó del segundo hasta el primer piso de una casa. Ya lo habían desahuciado, con solo 19 años de edad, a una invalidez segura. Su padre lo envió a Chincha a pedirle a Melchorita que lo protegiera y así fue. Se fue a Chincha ayudado porque no podía mover los miembros inferiores, es mas ni los sentía. Lo encerraron en una casa con la imagen de la casi santa y por medio de curanderos, logró lo que para él es un milagro poco a poco volver a caminar.
“En agradecimiento a Melchorita por haberme ayudado a caminar de nuevo le dediqué mi bote, mi instrumento más preciado de mi vida”.
Continuará pescando hasta que según él: Dios le permita estar en el mar. Porque esa es su vida ahí esta su trabajo que le enseñó su padre, sus recuerdos, y su hijo que ahora lo cuida cuando sale todos los días de madrugada y con el cuerpo cansado a trabajar en su humilde bote y talvez esperar algún día volverlo a ver de nuevo sonriendo, sentado como lo solía hacer en la proa del bote, junto a él en esa inmensidad llamada mar.
Bailando con los dioses

Su nombre no concuerda con ninguna religión oriental. Maylie Cuno Pando tiene 19 años y a su corta edad es profesora de baile hindú. Dentro de toda esta cultura, que es muy extensa sobre todo en danzas, ella práctica el Bharata Natyam, un baile que le rinde culto a la mujer y la considera una diosa.
“Desde chiquita me ha gustado bailar todo tipo de música, participé en concursos, sobre todo de danzas folclóricas”, cuenta Maylie. A los 10 años su madre la llevó al cine Tacna para ver una película hindú. Este sería su primer encuentro con esta cultura, de la que se enamoró a primera vista.
Fue así que empezó a copiar los pasos, a imitar a las bailarinas que veía en el cine. A los 14 años se cansó de ser una simple espectadora y decidió buscar lugares donde le enseñaran a bailar como ellas.
Para esa época, había llegado a la capital una maestra en la danza Bharata Natyam. Se trataba de la madre (como los hindúes llaman a las mujeres) Hare Krishna. Había venido de Arequipa para dictar seminarios sobre bailes hindús. Ella, como Maylie, tampoco tenía descendencia de esa cultura, sino que había empezado en esto por una pasión más allá de los genes.
Lo único que Maylie sabía del Bharata Natyam era que pertenecía a la India. De todas formas se animó a matricularse y comenzar así su carrera artística.
“Yo era la que más le preguntaba a la madre sobre los pasos y las coreografías. Si bailabas mal te daban un palazo en la espalda o en el trasero y no creo que a nadie le guste eso.”
Practicaba tres horas diarias, cinco veces a la semana. Fue constante durante un año, la danza oriental se convirtió en su pasión, obteniendo así el título de Bailarina antes de cumplir los 17 años.
Estando con la madre Hare Krishna -o Herlinda, como se llamaba antes de convertirse a la religión hinduista- formó un pequeño grupo de baile con unos alumnos. Se llamaba Nataraja (Dios de la danza), con quienes se presentó en diversos eventos durante meses. Ella era la que más sobresalía, razón por la que fue invitada en varias oportunidades a participar de manera individual, despertando cierta envidia entre sus compañeros.
Por esas épocas fue invitada a bailar en el Spa Elixir con Patty Wong, quien era la imagen del local. Se podría decir que la ex modelo de Raúl Romero fue su madrina en los medios. A la semana de haber bailado juanto con Paty Wong, recibió una llamada del canal ATV: la necesitaban para que bailase en Magaly Tevé. Ella aceptó y brilló durante casi una hora mientras “La urraca” contaba sus ampays.
Este fue el comienzo de su carrera, pero el fin para su grupo Nataraja, que no soportó verla destacar individualmente y decidieron separarse.
El despertar de Neerjara
En julio de este año fundó la escuela “Neerjara” (que significa “la tranquilidad o paz interior”), donde enseña el Bharata Natyam y el Hindi-pop, más conocido por el género Bollywood por sus bailes rápidos. Recién ha empezado, Maylie lo sabe.
A pesar de su edad, enseña a personas mayores de 28 años, pero le gustaría incentivar a los jóvenes en esta danza. “Para bailar la danza hindú uno necesita la flexibilidad del cuerpo, por eso es mejor cuando se es joven, porque se pueden aprovechar todos los pasos, incluso en los que se tiene que uno se tiene que abrir de piernas, cosa que no le puedo pedir a las personas mayores”.
Le pregunto qué significan tantos movimientos de manos y ojos. Ella, tímidamente, bajo ese cuerpo menudo y claro, responde que cada gesto tiene un significado: los ojos pueden ser usados como un coqueteo de amistad o enamoramiento o solamente para decir algo sin hablar.
Para bailar ella necesita mínimo media hora en arreglarse. Lo difícil no es escoger los mantos, sino colocárselos. “Hay vestuarios que son como unas telas y uno se las enrolla al cuerpo de tal manera que quedan como si fueran pantalones”. El problema se agranda cuando llega el momento de elegir las joyas. Los cascabeles van en los tobillos para que suenen a la hora de bailar, al igual que las muñequeras y pulseras, que son colocadas en cada mano. El collar tiene que estar conformado de piedras que llamen la atención y hagan juego con los aretes.
Maylie conoce el arte de pintarse el cuerpo, pero sólo lo hace en eventos muy importantes, donde manos y pies deben lucir diversos colores mientras ella baila descalza, alcanzando hasta 20 pasos diferentes (cada uno representa una escena de la historia que se cuenta con el cuerpo). La danza hindú narra los dramas familiares, del amor y la amistad, de la misma forma en que habla sobre animales y rinde honores a los padres.
El día amenaza con dar paso a la noche y Maylie tiene que dictar clase. Confiesa que cobra relativamente barato en comparación al tiempo y esfuerzo que dedica. Su cara redonda nos da a conocer una sonrisa tímida.
Los días han pasado desde que ella se animó a vestirse de princesa de la India sacada de una película, los meses pasarán y ella seguirá bailando ante su salón al mismo estilo colonial. Tal vez algún día vuelva a surgir un personaje de tal magnitud que pueda sobe pasarla, o tal vez no, de lo único que estoy segura es que como Maylie no habrá ninguna.
Yo quiero bailar a tu cuerpo

¿Bailarías conmigo? solo esta vez, pero trata de seguirme.
Mira mis ojos y sigue mi movimiento.
Lento y constante como mis cejas.
¿Quieres bailar?
El día no acaba y la noche se hace larga.
Baila cerca de mi tan junto como puedas, déjate seducir por mis caderas.
Muévete al ritmo de mi pulso.
Ahora que te tengo extasiado con mi cuerpo, te pido un favor
Se más caballero la próxima vez y no me hagas que te atrape con el ritmo de mis cabellos.
Vete de aquí antes que tire esa puerta.
Vete antes que tengas que huir de mis caderas.
Muévete, pero por la señal de la salida.
Me dejaste con la palabra en la boca, eso no es de caballeros.
Muévete antes que yo lo haga al ritmo de mis cabellos.
Quieres verme bailar, pero tu hora se acabo.
Levántate y sal de aquí que soy mucho para un mal paso.
Hazte a un lado que voy al ataque conquisto mi mundo y si quiero el tuyo.
Ya nada me detiene ni necesito que me defiendas.
No llevas mi ritmo, no puedes conmigo.
Valgo más que las fantasías que me das, así que hazte a un lado
que voy dominando mi pista.
Voy dominando mi corazón y me dice que no valgo lo que tú me dices.
Vete antes que tire la puerta al ritmo de mis cabellos.
Tú perdiste mi ritmo junto a mi corazón,
nadie juega con el.
Así que hazte a un lado que me opacas mi sol.
Querías mi cuerpo pero el paquete no incluye eso.
Solo mírame.
Mira como me muevo al compás de tus llantos.
Ya no te merezco, yo valgo más que los rubís.
¿Quieres moverte al ritmo de mis caderas?
Entonces aprende a querer antes que quieras bailar.
Lo siento nene pero será para otro baile.
Yo me muevo al ritmo de mi pulso.
Y nadie me detiene mis caderas.
Sal de aquí antes que me mueva de nuevo.
Que no lo querrás apreciar.
Ahora busco quien quiera mover mis caderas al ritmo de mi corazón.
Para otro baile será.
Mi mamá no es tu mamá

¿Te imaginas? Seriamos la noticia del colegio. ¡No!, no quiero pensarlo. Siempre te cuento cuando vienen a mi casa, sonríen y conversan. A veces siento rabia porque sé que no esta bien lo que hacen y me siento cómplice de ellos, no por permitirlo, sino por no saber como actuar.
A veces pienso que deberíamos enfrentarlos, que nos digan si están saliendo o solo lo estamos imaginando. Pero hay tantas cosas que coinciden y la verdad ya no se qué es real. He tratado de hablar con mi madre, pero lo niega todo, es mas, me prohíbe que mencione el nombre de tu papá. La otra vez vi su auto en tu casa, te conté, pero me respondiste que no estabas en ese momento en casa.
Le confesé a mi tía y me dijo algo gracioso, que tal vez tú callabas porque en cierta parte querías que ellos tuvieran una relación, porque te conviene, no sé si será cierto, pero aún mantengo nuestro secreto de no contárselo a nuestros amigos.
La otra vez, en la fiesta la señora Julia, Estrella, su hija, me contó que vio a nuestros padres venir casi juntos. Le pregunté si vinieron en el mismo carro, me respondió que no, los vio entrar juntos nada más. Solo atiné a decirle que era coincidencia. Lo malo es que no me creí la “casualidad”.
Espero que puedas responderme este mensaje cuando regreses de tu viaje con tu familia, la verdad es que necesitamos hablar, porque no me gusta ver la infidelidad de nuestros padres ante nuestros ojos.

